Ningún éxito en la vida justifica el fracaso en la familia. Uno de los regalos más grandes que podemos entregarle a la sociedad es una familia pastoral saludable.

Un pastor escribió: "si tuviera que elegir entre mi papel de pastor o de padre, me quedo con lo segundo. Prefiero ser un pastor mediocre, pero un padre excelente, que al contrario ".

Cuando un pastor o líder laico descuida su familia, hijos, esposa, matrimonio, está degradando el ministerio. Está cayendo en el error de David en el Antiguo Testamento, el fue un gran rey, un excelente militar, un buen poeta, un buen pastor de ovejas, pero fue un mal padre.

Nuestra familia es una parte integral de la comunidad de fe, y no hacemos bien en descuidarla.

Quien como líder o pastor da a su familia las sobras de cada día y los últimos minutos de su agotada agenda ministerial, está descuidando la parte más importante del ministerio que Dios le ha encomendado.

Una de las credenciales más poderosas de nuestro ministerio es nuestra familia, comenzando con nuestro matrimonio.

¿Estaremos dando a nuestra familia el tiempo y el cuidado que necesitan? ¿Estará recibiendo nuestra familia el amor y el afecto necesario?

Cuando la familia pastoral solo recibe quejas, reproches y una disciplina rígida está cabando lo que más tarde será su destrucción.

He conocido muchas familias pastorales que la falta de afecto, amor y comprensión les llevó a la separación.

No descuides pastor tu rebaño más importante. No dejes que los lobos de la desconfianza, desinterés, indiferencia, y falta de agradecimiento acaben con el tesoro más valioso que Dios ha dejado en tus manos.

Un pastor me dijo un día: " la iglesia se conseguirá otro pastor el día que lo requiera y necesite, pero tú familia no podrá conseguir otro padre y pastor"

Cuidemos de nuestras familias pastorales.